Consulta diaria

Primera lectura: Isaías 50,4-7: 
No me tapé el rostro ante los ultrajes
Salmo: 21:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 
Segunda lectura: Filipenses 2,6-11: 
Dios lo ensalzó sobre todo
Evangelio: Marcos 14,1–15,47: 
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Abreviado)

Domingo de Ramos  Enrique Susso (1365) 

1 Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los letrados buscaban apoderarse de él mediante un engaño para darle muerte.
2 Pero decían que no debía ser durante las fiestas, para que no se amotinase el pueblo.
3 Estando él en Betania, invitado en casa de Simón el Leproso, llegó una mujer con un frasco de perfume de nardo puro muy costoso. Quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza.
4 Algunos comentaban indignados: ¿A qué viene este derroche de perfume?
5 Se podía haberlo vendido por trescientos denarios para dárselos a los pobres. Y la reprendían.
6 Pero Jesús dijo: Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo.
7 A los pobres los tendrán siempre entre ustedes y podrán socorrerlos cuando quieran; pero a mí no siempre me tendrán.
8 Ha hecho lo que podía: se ha adelantado a preparar mi cuerpo para la sepultura.
9 Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, se mencionará también lo que ella ha hecho.
10 Judas Iscariote, uno de los Doce, se dirigió a los sumos sacerdotes para entregárselo.
11 Al oírlo se alegraron y prometieron darle dinero. Y él se puso a buscar una oportunidad para ello....

Comentario

Esta es una semana muy significativa para todos los cristianos, porque de una manera muy intensa contemplamos los últimos días de la vida de Jesús, los de su pasión, muerte y resurrección redentoras. Iniciamos la Semana Santa, la de nuestra santificación. Ponemos ante nuestros ojos los dolores y sufrimientos del Justo e Inocente para movernos a aborrecer la maldad y corrupción humanas que llevan a la muerte, y abrazar la oferta de vida que Dios nos ofrece en el Mesías crucificado y resucitado. Estos son días propicios para volvernos al Señor.

Ya en los libros de la Antigua Alianza, se evidencia la incapacidad humana para vivir en fidelidad continua a la voluntad de Dios, y las desgracias que se abaten sobre el pueblo se achacan a sus transgresiones a la alianza con Dios. Hay sin embargo un dato que consume la inteligencia de los sabios que se preguntan por la razón y sentido del sufrimiento del inocente, como vocea el profeta en la lectura de hoy. Sin respuesta satisfactoria, la voz asegura que Dios no dejará vacío al inocente que ha sufrido por su causa.

Los discípulos de Jesús encontraron en la resurrección la respuesta cabal de Dios a la esperanza de una compensación mayor por los padecimientos insanos. El sufrimiento no será estéril, sino uno productivo, más todavía, redentor, porque se inserta en el designio de salvación de Dios. Es mediante los sufrimientos del Mesías que el pueblo es redimido y liberado, porque puede contemplar en él el flagelo del pecado. Ver al Justo entregado al poder de la iniquidad, no puede sino mover al creyente a volverse a Dios suplicando por salud y vida. Por este camino, la entrega del Hijo de Dios en manos de los pecadores, el creyente barrunta cómo Dios no defrauda su esperanza de vida. Dios responde con la oferta de una vida gloriosa a quien puso en él su esperanza.

Esta semana, los cristianos de todo el mundo ponen sus ojos en la cruz de Cristo, pero también en la propia, la que abrazamos cada día en el seguimiento del Maestro. Es una cruz que pesa solo porque se parece a la de Jesús, y no por otras causas. La causa de Jesús es la de la verdad, la justicia y por eso libera de toda atadura pecaminosa y de toda corrupción. A esa causa nos unimos y de esa causa Dios nos nutre. Meditemos en la entrega de Jesús y dejemos que sus sufrimientos nos traigan la paz, como reza la Iglesia en los días santos.