Consulta diaria

Primera lectura: Nm 21,4-9: 
Quedarán sanos al mirar a la serpiente
Salmo: 101: 
Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti
Evangelio: Jn 8,21-30: 
Sabrán que Yo soy

5a Semana de Cuaresma Toribio de Mogrovejo (1606)

En otra ocasión Jesús les dijo a los fariseos:
21 Yo me voy, ustedes me buscarán y morirán en su pecado. A donde yo voy ustedes no pueden venir.
22 Comentaron los judíos: ¿Será que se piensa matar y por eso dice que no podemos ir a donde él va?
23 Les dijo: Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Yo les dije que morirían por sus pecados. Si no creen que Yo soy, morirán por sus pecados.
25 Le preguntaron: ¿Tú quién eres? Jesús les contestó: Esto es lo que les estoy diciendo desde el principio.
26 Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes. Pero el que me envió dice la verdad, y lo que escuché de él es lo que digo al mundo.
27 No comprendieron que se refería al Padre.
28 Jesús añadió: Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, comprenderán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como mi Padre me enseñó.
29 El que me envió está conmigo y no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.
30 Por estas palabras muchos creyeron en él.

Comentario

En la historia de cada persona hay momentos de “ajá”, en los que algo se acomoda en su lugar, y algo hace sentido de una manera diferente. Ese momento del “clic” respecto a quién es Jesús será el de su “levantamiento”, en el evangelio de Juan. Se trata de una manera de referir a su muerte en cruz y a su resurrección de entre los muertos. Ese momento le dará consistencia a todo lo hecho y dicho por Jesús de manera nueva. Para el lector ese clic representa la inteligencia del origen verdadero del enviado celeste: él es de arriba.

Tener conciencia de la propia identidad es un proceso gradual que no siempre procede de una sola línea, sino que resulta del cruce e interacción de varios elementos. El medio y ambiente familiar de la infancia, determinadas experiencias puntuales de la adolescencia, el cambiante círculo de relaciones juveniles, los vaivenes laborales y familiares de la adultez, son los que forjan el modo en el que decimos “Yo soy...”. Ese “Yo soy” siempre es relacional.