Consulta diaria

Primera lectura: Hch 1,1-11: 
Se elevó a la vista de ellos
Salmo: 46
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas
Segunda lectura: Ef 1,17-23: 
Lo sentó a su derecha en el cielo
Evangelio: Mc 16,15-20: 
Ascendió al cielo y está a la derecha de Dios

En aquel tiempo se apareció Jesús y les dijo:
15 Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad.
16 Quien crea y se bautice se salvará; quien no crea se condenará.
17 A los creyentes acompañarán estas señales: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas,
18 agarrarán serpientes; si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se sanarán.
19 El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
20 Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba la Palabra con las señales que la acompañaban.


Comentário

Hoy la Iglesia celebra la Ascensión del Señor. Jesús vuelve al Padre. Regresa a su gloria, la que le pertenecía antes de que el mundo existiera. Pero no podemos quedarnos mirando al cielo. Eso sería un gesto responsable de parte de la Iglesia. Aunque ha sido una de las tentaciones más comunes en la historia de la eclesialidad. La Ascensión tiene unas implicaciones históricas y comunitarias-eclesiológicas contundentes que tienen que ser asumidas por todos los bautizados para poder darle el sentido pleno a este misterio que hoy celebramos. Con la Ascensión llega el mandato evangelizador a la Iglesia. La Iglesia tiene que salir de los límites de la cerrazón, del miedo, de la falta de utopía, de los colonialismos, de los fanatismos, de todo aquello que no la deja ser la comunidad viva del Crucificado-Resucitado. Jesús el Crucificado-Viviente ha subido al Padre.

La Iglesia sabe que su misión y el encargo recibido tienen un mandato divino. El mundo entero ha de recibir la Buena Noticia del anuncio de la salvación. Todos los hombres y mujeres del mundo están llamados a vivir con intensidad la experiencia vital del Crucificado-Resucitado en sus vidas. Pero esto sólo se da si los discípulos se disponen a anunciar al Señor Jesucristo por todos los rincones del mundo.


Hoy la mejor manera de celebrar la ascensión de Jesús es renovar el compromiso Misionero en medio de un mundo que necesita cada vez más de Dios y que requiere de los creyentes mucho más testimonio de vida. El mundo no espera de la Iglesia, en general, ni del creyente en particular más doctrina, más dogmas, más catecismo. El mundo, el hombre y la mujer de hoy, necesitan experiencia de Dios. Testimonio de otros seres humanos que a través de un encuentro existencial con Jesús hayan tenido una transformación de vida. Jesús ha regresado a Dios.

Él continúa su proceso de divinización. La Iglesia ha de continuar en la historia haciendo posible todo aquello que Jesús hizo. Pero para que la Iglesia viva el estilo de Jesús tiene que convertirse y vivir en fidelidad al Reino que él anunció e instauró con su vida, su palabra y ministerio. Que en esta fiesta de la Ascensión nos dispongamos a vivir la misión y renovemos el compromiso de ser misioneros del Reino, para que Jesús sea conocido, amado y servido por muchos más hombres y mujeres del mundo.