Consulta diaria

Primera lectura: 1P 5,1-4: 
Testigo de los sufrimientos de Cristo
Salmo: 22: 
El Señor es mi pastor, nada me falta
Evangelio: Mt 16,13-19: 
Te daré las llaves del Reino

1a Semana de Cuaresma La Cátedra de San Pedro

13 En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Felipe, preguntó a los discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14 Ellos contestaron: Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta.
15 Él les dice: Y ustedes, ¿quién dicen que soy?
16 Simón Pedro respondió: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
17 Jesús le dijo: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo!
18 Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá.
19 A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Comentario

En muchas culturas preindustriales, los mayores de edad juegan un papel social significativo. Los ancianos representan el saber de los años, la experiencia de vida y la venerable autoridad en las estructuras de gobierno familiar, gremial y nacional. Ellos saben leer los tiempos, cuándo sembrar y cuándo guerrear; aconsejan y curan, invocan a los dioses y norman la conducta de la comunidad.

En la cultura del pueblo de la Biblia, los ancianos eran un referente para los individuos y la comunidad. Los ancianos, presbíteros en griego, eran modelos de vida en el seno de los grupos cristianos, y en cierto modo, con el correr del tiempo, se vinieron a transformar en la jerarquía de la comunidad cristiana, obispos y sacerdotes.

Actualmente, uno de los retos más significativos que enfrenta la figura del sacerdocio ministerial es el imperativo de transitar de un sistema sacro piramidal a uno correlacional, como el de una red, donde se puedan generar mecanismos balanceados, equitativos y transparentes que continúen haciendo de la Iglesia el pueblo santo de Dios.