Consulta diaria

Primera lectura: Is 58,9b-14: 
Cuando partas tu pan, brillará tu luz
Salmo: 85: 
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad
Evangelio: Lc 5,27-32: 
He venido a llamar a los pecadores

Sábado después de Ceniza Jacinta y Francisco (1919/1920)

27 En aquel tiempo, al salir Jesús vio a un recaudador de impuestos, llamado Leví, sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dijo: Sígueme.
28 Dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29 Leví le ofreció un gran banquete en su casa. Había un gran número de recaudadores de impuestos y otras personas sentados a la mesa con ellos.
30 Los fariseos y letrados murmuraban y preguntaban a los discípulos: ¿Cómo es que comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?
31 Jesús les replicó: No tienen necesidad del médico los que tienen buena salud, sino los enfermos.
32 No vine a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.

Comentario

La vocación de Isaías surge en un momento histórico difícil para su pueblo; una coyuntura desconcertante y dolorosa. Una realidad dónde no cabía la esperanza porque todo era ruina, oscu- ridad. Después de la terrible calamidad del destierro, los sueños del regreso y de reconstrucción nacional, la situación del pueblo parecía abocada a un nuevo desastre. No habían aprendido la lección de la historia. La alianza con Dios parecía relegada a la piedad personal y a los rituales en el templo. El profeta pone el dedo en la llaga: la justicia produce pan suficiente para todos.

El liderazgo profético de los discípulos de Jesús, consiste menos en encabezar procesiones que en regenerar estructuras y organizaciones de alcance social al servicio de la vida plena de todos. Lo más indispensable es que el pan llegue a todos, pero primero a los marginados, los desfavorecidos, los últimos, los que “no tienen vida”. ¿Dónde están los que no tienen qué comer? ¿A quién favorece lo que hacemos como Iglesia?