Consulta diaria

Primera lectura: Is 58,1-9a: 
El ayuno que Dios quiere
Salmo: 50: 
Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias
Evangelio: Mt 9,14-15: 
Ayunarán cuando el novio no esté

Viernes después de Ceniza Gaspar de Búfalo (1836)

14 En aquel tiempo se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le preguntaron: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?
15 Jesús les respondió: ¿Pueden los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les arrebaten el novio y entonces ayunarán.

Comentario

El ayuno guarda muchos sentidos incluso en el ámbito religioso. Se ayuna como expresión de duelo, gesto penitencial o medio de purificación; igualmente tiene motivaciones de carácter ético, de autodominio y de solidaridad; menos conocido quizá sea considerarlo como preparación a un momento de mayor trascendencia, que no se alcanza por los propios medios; se ayuna para unirse a la divinidad. Entre los contemporáneos de Jesús, ayunar era un signo de comunión con Dios y una práctica de piedad sumamente estimada para evidenciar la fidelidad a la alianza. Por eso sorprende tanto que los discípulos de Jesús no ayunen, como la razón que Jesús da por su práctica.

Jesús entiende que sus discípulos forman una comunidad en fiesta esponsal, porque él, el Novio mesiánico, está en medio de ellos. Al serles arrebatado, habrán de ayunar como un signo de pérdida, incompletez o carencia para que el Novio les sea devuelto. ¿Cómo hacemos notar que el Reino no está pleno entre nosotros? ¿Qué sentido tienen nuestras renuncias o abstinencias en un mundo consumista?