Consulta diaria

Primera lectura: Dt 30,15-20: 
Hoy pongo bendición y maldición
Salmo: 1: 
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
Evangelio: Lc 9,22-25: 
Quién pierda su vida por mi la salvará

Jueves después de Ceniza Bernardita Soubirous (1879)

22 En aquel tiempo Jesús añadió: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
23 Y a todos les decía: El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.
24 El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvará.
25 ¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra él?

Comentario

Seguir a Jesús no es como volverse “seguidor” de una estrella de cine, mucho menos hacerse secuaz de algún líder político o incondicional de un predicador evangélico, de los que llenan plazas, estadios y miden su éxito por el grosor de la cuenta bancaria. Debe sorprendernos que existan seguidores así, más consumidores que auténticos discípulos. Jesús no pide renunciar a sí mismo para adoptar un modo enajenante de vida, sino justo lo contrario. En la cruz se mide la fidelidad a la coherencia de vida que exige el Reino de Dios.

Con la figura del Hijo del Hombre, queda claro que el seguimiento de Jesús exige tomar esa decisión a diario: ponderar los costos del discipulado. Ser cristiano no es asunto que se resuelva de una vez por todas, porque consiste en un modo de vivir tal que hace realidad la experiencia de Dios en medio de nosotros. Ser fieles a los criterios de vida y de acción de Jesús se tiene que verificar constantemente. ¿Qué motiva nuestra decisión de seguir a Jesús? ¿Cuál es el precio de nuestro discipulado?