Consulta diaria

Primera lectura: Gén 3,1-8: 
Serán conocedores del bien y del mal
Salmo: 31: 
Dichoso el que está absuelto de su culpa
Evangelio: Mc 7,31-37: 
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

5a Semana Ordinario Eulalia, mártir (304)

31 En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis.
32 Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él.
33 Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva;
34 levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Effatá, que significa ábrete.
35 Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente.
36 Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban.
37 Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Comentario

Jesús no fue un simple loco soñador, sino que todo lo que soñó, esa locura que él mismo experimentó, la hizo historia, la hizo realidad. Él mismo hace que toda su propuesta de Reino, de liberación, de vida plena llegue a los más pobres y marginados de su sociedad. Su acción liberadora llegó a los últimos. Todo el bien que él anhelaba hacer, y que hizo, tuvo en los oprimidos y marginados, a los sujetos preferenciales de su acción.

Jesús realiza la plena liberación de las víctimas de los sistemas de muerte que ensordecían a la sociedad. Jesús manifiesta su amor al Buen Padre Dios, amando de manera incondicional a los hombres y mujeres y declarando para ellos, en especial sobre los últimos y excluidos, la vida en plenitud que Dios quiere para sus hijos e hijas. Jesús vive el amor pleno. En nombre de ese amor relativizó todas las tradiciones y vivió para devolverle la vida digna, liberando, a los que eran víctimas de los sistemas religiosos, políticos y sociales.