Consulta diaria

Primera lectura: Gén 2,18-25: 
Los dos estaban desnudos
Salmo: 127: 
Dichosos los que temen al Señor
Evangelio: Mc 7,24-30: 
También los perros comen las migajas

5a Semana Ordinario Nuestra Señora de Lourdes

24 En aquel tiempo, Jesús se puso en camino y se dirigió a la región de Tiro. Entró en una casa con intención de pasar inadvertido pero no lo logró.
25 Una mujer que tenía a su hija poseída por un espíritu inmundo se enteró de su llegada, acudió y se postró a sus pies.
26 La mujer era pagana, natural de la Fenicia siria. Le pedía que expulsase de su hija al demonio.
27 Jesús le respondió: Deja que primero se sacien los hijos. No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos.
28 Ella replicó: Señor, también los perritos, debajo de la mesa, comen de las migas que dejan caer los niños.
29 Le dijo: Por eso que has dicho, puedes irte, que el demonio ha salido de tu hija.
30 Se volvió a casa y encontró a su hija acostada en la cama; el demonio había salido.

Comentario

Jesús era hijo de un tiempo y de una cultura. Su vida estuvo formada bajo el esquema socio-cultural de Palestina del primer siglo. La religión de su tiempo había hecho de la conciencia de las personas una realidad estrecha. Hoy, en el relato evangélico, vemos cómo la tradición religiosa intentó estrechar la conciencia de Jesús. Él tiene que rebelarse, para manifestar la novedad que colocaba en su vida la experiencia de su Padre-Dios.

Hay que estar atentos a la religión, porque muchas veces sus modelos hacen que se cierre la novedad de Dios en otros pueblos, tradiciones, o experiencias. Dios siempre tiene más imaginación que nosotros; tiene más imaginación que toda estructura religiosa.

Esa idea tendríamos que refrendarla de manera decisiva en nuestras vidas, para poder vivir el respeto fascinante por la diferencia y por los diferentes. Jesús mismo fue sorprendido por la agudeza de una mujer extranjera, diferente a él en cultura y credo, que le enseñó que la bondad de Dios no tiene fronteras.