Consulta diaria

Primera lectura: Heb 12,4-7.11-15: 
Dios los trata como a hijos
Salmo: 102: 
La misericordia del Señor dura para siempre
Evangelio: Mc 6,1-6: 
A un profeta lo desprecian en su patria

4a Semana Ordinario Óscar (865); Blas, mártir (316)

1 Saliendo de allí, Jesús se dirigió a su ciudad, acompañado de sus discípulos.
2 Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud que lo escuchaba comentaba asombrada: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado, que tamaños milagros realiza con sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo.
4 Jesús les decía: A un profeta lo desprecian sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa.
5 Y no podía hacer allí ningún milagro, salvo unos pocos enfermos a quienes impuso las manos y curó.
6 Y se asombraba de su incredulidad. Después recorría las aldeas vecinas enseñando.

Comentario

Jesús siente en carne propia el desprecio por parte de los suyos, en su pueblo natal, allí donde la gente lo conoce a él y a su familia. Es allí, y no en otro lugar, donde desprecian su enseñanza. Preguntan que de dónde saca esa inteligencia y esa manera de discernir en la vida, si todos conocen su origen. Jesús cae en desgracia en medio de su pueblo, simplemente porque su forma de pensar, de hablar y de actuar no se acomoda a la forma tradicional, establecida y acogida como normal, en medio de sus conciudadanos.

Esto es lo que sucede con permanente frecuencia en cualquier círculo humano social, cultural o religioso, cuando alguna persona se sale del esquema tradicional: se le condena, se le estigmatiza, se le expulsa. Se le suele cobrar ese atrevimiento con la propia vida. Ser como Jesús y optar por la causa que él optó acarrea problemas serios con la familia, con la sociedad, con la religión. ¿Estamos dispuestos a asumirlos?