Consulta diaria

Primera lectura: Hch 3,13-15.17-19: 
Mataron al autor de la vida
Salmo: 4
Haz brillar en nosotros el resplandor de tu rostro
Segunda lectura: 1Jn 2,1-5a: 
Él es la víctima de propiciación
Evangelio: Lc 24,35-48: 
Convenía que Cristo padeciera y resucitara

35 En aquel tiempo contaron los discípulos lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
36 Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz esté con ustedes.
37 Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma.
38 Pero él les dijo: ¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas?
39 Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo.
40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41 Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer. Entonces les dijo: ¿Tienen aquí algo de comer?
42 Le ofrecieron un trozo de pescado asado.
43 Lo tomó y lo comió en su presencia.
44 Después les dijo: Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
45 Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura.
46 Y añadió: Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día;
47 que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén.
48 Ustedes son testigos de todo esto.


Comentário

Jesús llega a los suyos y les ofrece la paz. La paz es signo histórico de la Resurrección. El Resucitado es portador de la paz. que proviene de la misma vida de Dios. Hoy, como en el tiempo de Jesús, el mundo sigue necesitando la experiencia de la paz. Un creyente tiene que avivar la fuente de la paz que está en su propia existencia, ha de ser testimonio histórico de esa paz de Jesús. Es la comunidad cristiana la encargada de ofrecer paz al mundo. La comunidad, testimonio histórico del Resucitado, ha de llevar la paz a todo hombre y mujer del mundo. Jesús está ratificando que él como Resucitado es el mismo Crucificado. Que no es uno distinto. Que es él mismo. Jesús muestra sus manos y su costado. Los discípulos son dichosos de ver lo que están viendo. Y en ellos cada creyente, seguidor de Jesús, es dichoso al experimentar en su propia vida al Crucificado-Resucitado.
Hay dos elementos que hemos de resaltar en esta porción del texto lucano que nos propone la liturgia hoy: La Palabra y el Pan. Estos son dos signos reales e históricos de la presencia del Resucitado en medio de la historia. Lucas insiste en la corporeidad de Jesús Resucitado. Pero nosotros hemos de estar atentos para no hacer una mala interpretación de la corporalidad, ni para generar falsas expectativas al pueblo creyente. El cristiano hoy está llamado a no esperar que se presente el cuerpo del Resucitado de manera corporal y física, sino a tener una experiencia existencial con el Resucitado para que su vida entre en la dinámica de la alegría, de la solidaridad, la fraternidad que se hace efectivo en la construcción de la comunidad.
En el nombre del Resucitado la Iglesia entera está llamada a anunciar la conversión y el perdón de los pecados. El Resucitado es señal concreta del amor que Dios tiene a toda la humanidad. Hemos de asumir la tarea que nos corresponde. Ya ha terminado la misión de Jesús. Ahora la tarea es de los creyentes que en comunidad están llamados a dar testimonio de la resurrección de Jesús al mundo y a la Iglesia. ¿Cómo estoy viviendo la experiencia de la Resurrección en mi vida? ¿Vivo la fe en comunidad? ¿Estoy intentando ser más generoso con los hombres y mujeres que encuentro a mi paso? El Resucitado tiene que movilizarnos hacia la humanización.