Consulta diaria

Primera lectura: Heb 11,1-2.8-19: 
Esperaba la ciudad santa
Salmo: Responsorial Lc 1: 
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo
Evangelio: Mc 4,35-41: 
¿Aún no tienen fe?

3a Semana Ordinario Jacinta de Mariscotti (1640)

35 Aquel día al atardecer Jesús dijo a sus discípulos: Pasemos a la otra orilla.
36 Ellos despidieron a la gente y lo recogieron en la barca tal como estaba; otras barcas lo acompañaban.
37 Se levantó un viento huracanado, las olas rompían contra la barca, que se estaba llenando de agua.
38 Él dormía en la popa sobre un cojín. Lo despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que naufraguemos?
39 Él se levantó, increpó al viento y ordenó al mar: ¡Calla, enmudece! El viento cesó y sobrevino una calma perfecta.
40 Y les dijo: ¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?
41 Llenos de temor se decían: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?

Comentario

La experiencia de fe ha sido confundida con la asimilación de doctrinas y especulaciones sobre el mundo celestial y la vida en el más allá. Pero Jesús tiene una capacidad extraordinaria para simplificarlo todo, y hacer que lo complicado se vuelva sencillo, indicando con su propio ejemplo de vida, una novedad sobre la fe, desconocida hasta entonces por la gente que practicaba cualquier tipo de religión.

Hasta entonces la fe era generadora de miedo, angustia y temor. Con Jesús la fe en el Padre es una experiencia que se expresa por una confianza tan fuerte y contundente en la que el miedo no tiene cabida. La fe no es una “cabina de seguridad” que impide que los problemas lleguen. Los creyentes no son personas exentas de problemas, dificultades y contradicciones. Para eso no es la fe.

No hay que dejarse confundir por grupos religiosos que enseñan esas ideas. La fe es una experiencia de total confianza en Jesús, que hace posible mirar las dificultades de la vida, con otra perspectiva.