Consulta diaria

Primera lectura: Hch 5,17-26: 
Los encarcelados enseñan en el templo
Salmo: 33
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
Evangelio: Jn 3,16-21: 
Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
16 Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna.
17 Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.
18 El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.
19 El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas.
20 Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones.
21 En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.


Comentário

El juicio que Dios plantea al mundo nada tiene que ver con las ideas extrañas, violentas y de película de Hollywood que hemos fijado en el imaginario personal y comunitario. Dios establece el juicio de manera clara y sencilla. El Evangelio de hoy lo deja claro: “El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz”. Entonces el juicio se resuelve en sabernos ubicar en la historia: si vivimos según el instinto o si lo hacemos según el Espíritu. Esto nos hace definirnos en la historia de manera clara. Estar de parte de Dios y de su obra exige ubicarnos del lado del Espíritu, caminar en la lógica del Espíritu y ser fiel al Espíritu que es el mismo Cristo crucificado-resucitado. La experiencia de conversión se va verificando en la vida del creyente a medida que entra en una lógica comunitaria y de solidaridad. La invitación es a dejarnos tocar por Dios, para que comencemos a vivir como Jesús.