Consulta diaria

Primera lectura: Hch 4,32-35: 
Todos vivían unidos
Salmo: 117
Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
Segunda lectura: 1Jn 5,1-6: 
El que ha nacido de Dios vence al mundo
Evangelio: Jn 20,19-31: 
A los ocho días, se apareció Jesús

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: La paz esté con ustedes.
20 Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor.
21 Jesús repitió: La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes.
22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo.
23 A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos.
24 Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25 Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Él replicó: Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré.
26 A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: La paz esté con ustedes.
27 Después dice a Tomás: Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
28 Le contestó Tomás: Señor mío y Dios mío.
29 Le dice Jesús: Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto.
30 Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro.
31 Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.


Comentário

El miedo paraliza a la humanidad. El miedo genera angustia, roba la paz, limita la capacidad de engendrar alegría. Nos encontramos hoy con la escena evangélica en la que el grupo de los seguidores de Jesús se encuentran llenos de pánico y encerrados por el miedo. Han perdido la capacidad de soñar un tiempo nuevo. No han confiado plenamente a la Palabra de Dios anunciada y ratificada por la vida de Jesús de Nazaret. Los discípulos han olvidado la promesa del Maestro, que no los dejaría huérfanos. Es tan fuerte el miedo que les imposibilita creerle a Dios y su enviado: Jesucristo.
Será Jesucristo el Crucificado-Resucitado, quien les traerá la paz a los Discípulos y permitirá que tengan una experiencia novedosa de la vida que Dios ofrece a la humanidad. Jesús se presenta a ellos Resucitado, pero cargando consigo las cicatrices de la crucifixión. El Crucificado no es un fracasado. Él es el signo de la manera como Dios amó y sigue amando al mundo. La tarea concreta de los cristianos es llegar a experimentar la vida de la resurrección, asumiendo la muerte en Cruz del Maestro de Nazaret. Esta será la manera concreta como podremos liberarnos del dominio del miedo, de la angustia y del encierro mezquino de nuestros temores.
El Maestro ya Resucitado muestra sus manos y su costado indicando que no es un fantasma. La Resurrección es una realidad concreta, que se da en la historia, pero que tiene que ser vivida de manera existencial. Ha de ser experimentada en la intimidad de cada creyente. Y será la experiencia de los creyentes la que se anunciará a lo largo y ancho del mundo. Un gran problema hoy que tiene el cristianismo en relación al anuncio del Resucitado, es que con frecuencia dicho anuncio sea hace como doctrina, como teoría, como realidad cúltico religiosa. Es esa manera de transmitir la resurrección que le quita fuerza, que la hace poco creíble. La Iglesia está llamada, ahora más que nunca, a experimentar al resucitado a nivel personal y comunitario. Será el testimonio de esa experiencia la que hará creíble la Buena Noticia de que Dios Resucitó a Jesucristo de entre los muertos y que nunca más volverá a morir. Dejémonos tocar por la vida que trae el Resucitado. Dejemos que una experiencia de su amor invada nuestra vida. De esa manera será creíble ante el mundo el gozo de la Resurrección de Jesús.