Consulta diaria

Primera lectura: Hch 3,1-10: 
En nombre de Jesucristo, camina
Salmo: 104
Que se alegren los que buscan al Señor
Evangelio: Lc 24,13-35: 
Lo reconocieron al partir el pan

13 Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día a un pequeño pueblo llamado Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén.
14 En el camino conversaban sobre todo lo sucedido.
15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos.
16 Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo…
28 Se acercaban al pueblo adonde se dirigían, y él hizo ademán de seguir adelante.
29 Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba. Entró para quedarse con ellos;
30 y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.
31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
32 Se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura?
33 Se levantaron al instante, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros,
34 que afirmaban: Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
35  Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Comentário

La experiencia cristiana, de adhesión a Jesús y seguimiento de su causa, fue traicionada a lo largo de la historia de la Iglesia. Imponiéndose un modelo de religión que contradice la exigencia radical de lo que significa ser discípulo de Jesús. Un cristiano es un hombre de fe, de adhesión, de seguimiento. Para vivir la vida cristiana es importante reconocer a Jesús y entrar en su lógica que va en contravía de la lógica de la historia. Los Discípulos de Emaús son un verdadero ejemplo del proceso que cada creyente debe vivir para reconocer a Jesús en su propia vida y pasar a lo más importante del seguimiento: construir y vivir la comunidad. El itinerario vivido por ellos es el camino que tiene que recorrer cada creyente para experimentar la alegría del Resucitado. Ellos son símbolo de la obstinación de todos los hombres y mujeres. Se resisten a reconocer a Jesús en su nueva presencia. Lo nuevo los asusta. Como ellos, también nosotros, esperamos un triunfo de Jesús basado en el poder. Pero Jesús tiene otra vía. Su propuesta.