Consulta diaria

Primera lectura: Hch 2,36-41: 
Bautícense en nombre de Jesucristo
Salmo: 32
La misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio: Jn 20,11-18: 
He visto al Señor

11 María estaba afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro
12 y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había estado el cadáver de Jesús.
13 Le dicen: Mujer, ¿por qué lloras? María responde: Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció.
15 Jesús le dice: –Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el jardinero, le dice: –Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.
16 Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: Rabbuni –que significa maestro–.
17 Le dice Jesús: –Déjame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes.
18 María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho esto.


Comentário

María de Magdala busca a Jesús. Su desesperación es tal que no lo logra reconocer. La angustia de no ver el cuerpo, le impide ver la obra de Dios; le ha cerrado la posibilidad de soñar el tiempo que Dios estaba inaugurando. Cuando María reconoce a Jesús lo trata de agarrar, de controlar. Pero con una ternura contundente Jesús le dice y en ella a toda la Iglesia: “¡Déjame que todavía no he subido al Padre!”. Esta es la necesaria interdependencia que tiene que existir entre el Cristo Glorificado y la Iglesia que peregrina en la historia. Si esta interdependencia no se da, la Iglesia se creerá con derecho de manipular y controlar a Jesús. Se creerá dueña de la gracia. Una de las tentaciones de la Iglesia, a lo largo del tiempo, ha sido el perder su horizonte histórico-existencial, creyéndose el Reino de Dios en la historia. Otras veces se ha creído poseedora de la verdad y la salvación. Esto le llevó a cometer exabruptos históricos. Aceptemos el consejo de Jesús a Magdalena para nuestra propia vida de creyentes.