Consulta diaria

Primera lectura: Heb 7,25–8,6: 
Se ofreció a sí mismo
Salmo: 39:
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Evangelio: Mc 3,7-12: 
Tú eres el Hijo de Dios

2a Semana Ordinario Inés, mártir (304)

7 Jesús se retiró con sus discípulos junto al lago. Lo seguía una multitud desde Galilea, Judea,
8 Jerusalén, Idumea, Transjordania y del territorio de Tiro y Sidón. Una multitud, al oír lo que hacía, acudía a él.
9 Entonces dijo a los discípulos que le tuvieran preparada una barca, para que el gentío no lo apretujase.
10 Ya que, como curaba a muchos, los que sufrían achaques se le tiraban encima para tocarlo.
11 Los espíritus inmundos, al verlo caían a sus pies gritando: Tú eres el Hijo de Dios.
12 Y los reprendía severamente para que no lo descubrieran.

Comentario

Mientras los reconocidos como expertos de la religión sienten rabia hacia Jesús, como hemos visto en los últimos relatos, hasta el punto de querer eliminarlo, por su parte las personas sencillas, la gente del común, los pobres, enfermos, descartados, los “nadies” sienten una atracción tremenda por Jesús y por su mensaje. La gente que no pertenece a la religión siente fascinación por Jesús. La fuerza del mal se sentía amenazada, interpelada, desafiada por la manera de ser, de actuar y de hablar de Jesús de Nazaret.

Dice el relato que “Los espíritus inmundos, al verlo caían a sus pies gritando: Tú eres el Hijo de Dios”. La tarea como bautizados y como Iglesia, en general, es colocarnos abiertamente con la palabra y los gestos contra todas las fuerzas que en la historia siguen provocando el mal a los hombres y mujeres. Que con nuestra forma de ser y actuar, el mal se sienta interpelado y amenazado.

¿Estamos tan adheridos a Jesús que hasta el mal se siente amenazado por nuestra manera de ser y de actuar?