Consulta diaria

Primera lectura: Hch 2,14.22-23: 
Dios resucitó a este Jesús
Salmo: 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Evangelio: Mt 28,8-15: 
Vayan a Galilea; allí me verán

8 Las mujeres se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.
9 Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Alégrense! Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él.
10 Jesús les dijo: No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán.
11 Mientras ellas caminaban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y contaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido.
12 Éstos se reunieron a deliberar con los ancianos y ofrecieron a los soldados una buena suma
13 encargándoles: Digan que durante la noche, mientras ustedes dormían, llegaron los discípulos y robaron el cadáver.
14 Si llega la noticia a oídos del gobernador, nosotros lo tranquilizaremos para que no los castigue.
15 Ellos aceptaron el dinero y siguieron las instrucciones recibidas. Así se difundió ese cuento entre los judíos hasta el día de hoy.


Comentário

Es Pascua. Tiempo de alegría. Los cristianos estamos invitados a vivir de manera radical el gozo de Cristo Resucitado. Pero la experiencia de la alegría, que trae la Resurrección, no puede ser encerrada y silenciada, ha de ser contada, anunciada y vivida de manera contagiosa. ¡Alégrense! ¡Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea! Son dos mandatos clarísimos del Resucitado. Jesús, al encuentro con las mujeres, les da la clave de los que es la vida cristiana: una vida de alegría y gastada a lado de los pobres. Ir a Galilea es volver siempre a los pobres. Galilea es el lugar de los empobrecidos. Allí el resucitado se revelará plenamente a sus hermanos. Las mujeres han recibido el mandato concreto. Ellas anuncian al mundo lo que es en esencia el Evangelio. Esta Buena Noticia que Dios da a la humanidad por medio del Crucificado-Resucitado solo se puede contar al mundo entero cuando cada discípulo de Jesús los experimente en su propia vida. Hemos de anunciar la Resurrección de Jesús no como un evento, sino como experiencia.