Consulta diaria

Primera lectura: Éx 32,7-14: 
Arrepiéntete de la amenaza
Salmo: 105
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Evangelio: Jn 5,31-47: 
Hay uno que los acusa: Moisés

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos…
37 El Padre que me envió da testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz, ni han visto su rostro,
38 y su palabra no permanece en ustedes, porque al que él envió no le creen.
39 Estudian la Escritura pensando que encierra vida eterna, porque ella da testimonio de mí;
40 pero ustedes no quieren venir a mí para tener vida.
41 Yo no recibo honores de los hombres;
42 además yo sé que ustedes no poseen el amor de Dios.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me reciben; si otro viniera en nombre propio, lo recibirían.
44 ¿Cómo pueden creer, si viven pendientes del honor que se dan unos a otros, en lugar de buscar el honor que sólo viene de Dios?
45 No piensen que seré yo el que los acuse ante el Padre; los acusará Moisés, en quien confían.
46 Porque si creyeran a Moisés, también creerían en mí, ya que él escribió acerca de mí.
47 Y si no creen lo que él escribió, ¿cómo creerán en mis palabras?


Comentário

La lectura del Éxodo cuenta un episodio crítico en la ruta de la esclavitud a la libertad, que los Hebreos recién comenzaban y que enseña el talante de un verdadero líder. Apenas sellada la alianza, el pueblo sucumbe estrepitosamente a la tentación de hacerse un dios a su medida. Ante la infidelidad, y en una serie de recriminaciones mutuas con Moisés, Dios amenaza con la destrucción. Entonces surgen la entereza y la audacia del líder, que son claves en la sobrevivencia de sus representados. La integridad de cualquier liderazgo consiste en no deslumbrarse con un proyecto personal que pueda surgir en el camino, por muy halagador que pueda ser. Pero cuando los intereses particulares privan sobre el proyecto de la comunidad, el liderazgo se convierte en manipulación opresora. De hecho, el auténtico líder trabaja por proyectos de largo alcance, con audacia tal, que los riesgos personales no lo paralizan ni lo desvían del objetivo fundamental: la vida plena de la comunidad. El verdadero liderazgo se nutre de la savia de la comunidad, sino terminará volviéndose autocomplaciente, corrupto.