Consulta diaria

Primera lectura: Is 49,8-15: 
Te he constituido alianza del Pueblo
Salmo: 144
El Señor es clemente y misericordioso
Evangelio: Jn 5,17-30: 
Así también el Hijo da vida

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
17 Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo.
18 Por eso los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino además llamaba Padre suyo a Dios, igualándose a Él.
19 Jesús tomó la palabra y les dijo: Les aseguro: El Hijo no hace nada por su cuenta si no se lo ve hacer al Padre. Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo.
20 Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará obras más grandes aún para que ustedes queden maravillados.
21 Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, del mismo modo el Hijo da vida a los que él quiere.
22 El Padre no juzga a nadie sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar,
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.
24 Les aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida…
28 No se extrañen de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz:
29 los que hicieron el bien resucitarán para vivir, los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados.
30 Yo no puedo hacer nada por mi cuenta; juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.


Comentário

El llamado de Isaías es vigoroso, es para los que viven en el exilio. Llama a emprender una tarea que requiere de la fuerza de cada uno de los desterrados: la restauración del país paterno en ruinas. Es una empresa urgente y exigente. La voz profética no repara en contrariedades; todo se facilita. Hay que atender la convocación, y dejar de lado cualquier resistencia, porque Dios mismo es el capitán, y viene a hacer realidad aquello que parece una ilusión. ¿Qué nos impide emprender la restauración de nuestra patria? Del mismo oráculo, podemos aprender que la restauración no consiste en construir edificios, emparejar caminos, ni en establecer sólidas instituciones, sino en atender a los desamparados. El profeta pone el dedo en la llaga. La restauración del país tiene una prioridad absoluta: los pobres. Cada vez que nos informen de alguna mega obra o de reformas que traerán el progreso y el desarrollo a nuestra tierra, habrá que repetir motivo de la empresa divina: “Los pobres primero”. En ellos comienza y termina el proyecto de la salvación de Dios.