Consulta diaria

Primera lectura: 1Re 11,29-32; 12,19: 
Se independizó Israel
Salmo: 80
Yo soy el Señor Dios tuyo, escucha mi voz
Evangelio: Mc 7,31-37: 
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

31 En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis.
32 Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él.
33 Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva;
34 levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Effatá, que significa ábrete.
35 Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente.
36 Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban.
37 Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.


Comentário

Jesús, rompiendo barreras y obstáculos, nos invita a la cercanía. Ahora, en tierra pagana, sanar a un sordo. Es una clara invitación de Marcos para mostrar que la participación de los “diferentes” a nosotros, en el banquete de vida de Jesús es una realidad, no ficción. Dios lleva a feliz término en Jesús las promesas que había ofrecido en su proyecto de salvación por eso las exclamaciones del pueblo al final de este relato que nos llena de esperanza para continuar comprometiéndonos con Jesús y el Reino. Este sordo es la mejor representación de todos nosotros cuando somos incapaces de oír y proclamar-alabar a Dios con nuestras vidas de manera especial en la relación y servicio con los que nos rodean. Hoy el Señor nos vuelve a decir “Ábrete” para construir puentes con los demás. “Effatá” y rompe tus inercias, tu dureza de corazón, tu aislamiento en la familia y con quienes trabajas y convives, y especialmente el miedo al otro que te va dejando sólo, sin sentido de la vida, sordo y sin habla. Ábrete al Reino y a su compromiso.