Consulta diaria

Primera lectura: 1Re 11,4-13: 
Por haber sido infiel te quitaré el reino
Salmo: 127
Dichosos los que temen al Señor
Evangelio: Mc 7,24-30: 
Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas

24 En aquel tiempo, Jesús se puso en camino y se dirigió a la región de Tiro. Entró en una casa con intención de pasar inadvertido pero no lo logró.
25 Una mujer que tenía a su hija poseída por un espíritu inmundo se enteró de su llegada, acudió y se postró a sus pies.
26 La mujer era pagana, natural de la Fenicia siria. Le pedía que expulsase de su hija al demonio.
27 Jesús le respondió: Deja que primero se sacien los hijos. No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos.
28 Ella replicó: Señor, también los perritos, debajo de la mesa, comen de las migas que dejan caer los niños.
29 Le dijo: Por eso que has dicho, puedes irte, que el demonio ha salido de tu hija.
30 Se volvió a casa y encontró a su hija acostada en la cama; el demonio había salido.


Comentário

Esta semana Marcos va preparando un hermoso desenlace e insiste en romper y aplanar todo aquello que nos divide e impide la unidad. Ayer rompía con la costumbre de las impurezas en los alimentos, lo ritualista que aleja y confunde. Hoy, rompe con la mentalidad de las divisiones culturales y religiosas que impiden una convivencia sana. Podemos vislumbrar aquí una característica de la Iglesia que Jesús fundó: su Catolicidad. Abierta a todos, a toda cultura, a todo ambiente, a todo lugar y con los brazos abiertos y dispuestos a anunciar la buena noticia del Reino donde todos somos invitados a vivir como hermanos y hermanas de un Padre común. Para ello necesitamos purificarnos de nuestras mentalidades soberbias y hasta acaparadoras pensando que unos tienen derecho y otros no a Dios. Esta mujer, pagana y en tierra extranjera, nos muestra que para conseguir lo que sanamente se desea es necesario una fe fuerte que no se rinde hasta conseguirlo. Esto exige una fe auténtica y a la vez sencilla, humilde que no puede sino conmover la misericordia del Señor.