Consulta diaria

Primera lectura: Job 7,1-4.6-7
Me harto de dolores hasta la noche
Salmo: 146
Alaben al Señor que sana los corazones destrozados
Segunda lectura: 1Cor 9,16-19.22-23: 
¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Evangelio: Mc 1,29-39: 
Sanó a muchos enfermos de diversos males

29 En aquel tiempo, después que salió Jesús de la sinagoga y con Santiago y Juan se dirigió a casa de Simón y Andrés.
30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo hicieron saber enseguida.
31 Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Se le fue la fiebre y se puso a servirles.
32 Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados.
33 Toda la población se agolpaba a la puerta.
34 Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó a numerosos demonios, a los que no les permitía hablar, porque lo conocían.
35 Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.
36 Simón y sus compañeros lo buscaron
37 y cuando lo encontraron, le dijeron: Todos te están buscando.
38 Les respondió: Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues a eso he venido.
39 Y fue predicando en sus sinagogas y expulsando demonios por toda Galilea.


Comentário

El libro de Job, considerado literatura bíblica sapiencial, nos presenta una realidad que al ser humano le cuesta comprender y aceptar: la enfermedad y el dolor del inocente; el problema del mal. En aquellos tiempos la visión que se tenía de esto se asociaba a la justicia divina del mérito. Si tenías salud, familia y bienes eras justo; si tenías enfermedad, esterilidad y pobreza era por ser pecador. Job buscará cuestionar esta teología del bien y del mal y pedirle a Dios muestre que esa concepción limitada, por ser humana, no es así. Job sencillamente pide que Dios le haga sentir su cercanía, su proximidad no que le explique algo que no puede comprender en su totalidad.

Jesús, el Señor será la respuesta a la petición esperada. Pablo que ha demostrado, en los versículos anteriores a los de este fragmento, los derechos que tiene como apóstol libre, con gusto los ofrece y se desprende de ellos por la caridad de Cristo “que le urge”; el amor que le quema por dentro y por ello exclama “¡Ay de mí si no anuncio la buena noticia!”. El amor está por encima de la libertad pues el amor es más fuerte que la muerte y su medida es no tener medida.

Algo que anuncia esta buena nueva es el poder del Hijo de Dios que se esconde en la debilidad de la Cruz y en el sufrimiento redentor de los seres humanos. Jesús nos muestra con la curación de los enfermos que le acercaban la presencia de Dios como el liberador de los males que afligen a la humanidad, el Dios cercano que asume nuestras penas y dolores para ofrecernos una vida plena levantándonos del sin sentido de una vida limitada por la naturaleza enferma y adolorida. La curación de la suegra de Pedro es la clara manifestación de esto (…se acercó, la tomó y la levantó).

La enfermedad y el sufrimiento que acompañan nuestra vida generan un estado de miedo e inseguridad. Esto nos recuerda nuestra debilidad y fragilidad que están sujetas a la posibilidad de lo imprevisible. Jesús nos revela que el sufrimiento no es para pagar la culpa de nuestros pecados y que la curación de enfermos y expulsión de demonios son signo de que el Reino de Dios está entre nosotros. Por otro lado, se nos recuerda que gozar de salud es para servir con alegría agradecida ilimitada.