Consulta diaria

Primera lectura: 1Sm 9,1-4.17-19; 10,1: 
Saúl regirá a su pueblo
Salmo: 20
Señor, el rey se alegra por tu fuerza
Evangelio: Mc 2,13-17: 
He venido a llamar a los pecadores

13 Salió Jesús de nuevo a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él y él les enseñaba.
14 Al pasar vio a Leví de Alfeo, sentado junto al banco de los impuestos, y le dice: Sígueme. Él se levantó y lo siguió.
15 Mientras estaba comiendo en su casa, muchos recaudadores y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Porque muchos eran seguidores suyos.
16 Los letrados del partido fariseo, viéndolo comer con pecadores y recaudadores, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come con recaudadores y pecadores?
17 Lo oyó Jesús y respondió: Del médico no tienen necesidad los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a justos, sino a pecadores.


Comentário

El poder de Jesús para perdonar los pecados se manifiesta en la llamada a un pecador público –recaudador de impuestos– y en el hecho de comer con pecadores. Jesús rompe los esquemas morales de su tiempo para regresar al origen del plan de Dios sobre el ser humano: que sean dignos de respeto y amor. Al llamar a su seguimiento a este pecador público y despreciado por considerarse tramposo y sin posibilidad de arrepentimiento, Jesús muestra su interés por entablar con estas personas una comunión de vida, ofreciéndoles confianza y perdón.

Esta actitud de Jesús, nuevamente, trae el rechazo de quienes seguían las reglas de piedad y moral de la época, que el acercarse a estos pecadores ponían en peligro su pureza. Esto generó como consecuencia la indignación y protesta que transmiten a los discípulos de Jesús para que abandonen al Maestro. ¿Nos suena algo parecido en nuestros ambientes de Iglesia? Jesús nos recuerda, partiendo del dicho proverbial del médico, cuál es su misión y cuál es nuestra misión: eliminar de raíz el mal que nos agobia restaurando al hermano caído.