Consulta diaria

Primera lectura: 1Jn 2,29–3,6: 
Los que permanecen en Dios, no pecan
Salmo: 97
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios 
Evangelio: Jn 1,29-34: 
He aquí al Cordero de Dios

29 Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo.
31 Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.
32 Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él.
33 Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.
34 Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.


Comentário

En algunos parajes se ven retozar rebaños de ovejas y corderos. Siempre en manada. Inspiran ternura por su aparente condición débil. Sabemos que el cordero en el ambiente religioso cultual de Israel era utilizado para ofrecer holocaustos y sacrificios a Dios por el perdón de los pecados, la acción de gracias y la alabanza. Particularmente para expiar pecados.

Según la mentalidad de la época el pecador debe morir como reparación de su delito. Por eso el cordero reemplaza al pecador y es ofrecido en sacrificio para el perdón. Jesucristo es identificado como “cordero” porque se ofrece por nosotros para comunicarnos el amor y la misericordia de Dios. Hay un cambio rotundo del sentido del sacrificio como expiación. Dios nos ama tanto que nos da lo que más ama, su Hijo, para comunicarnos vida. No es un Dios ofendido y enfurecido que reclama venganza. ¡No! Es un Dios que se desborda en amor por cada uno de nosotros hasta despojarse de sí para impregnarnos de su misericordia y bondad. ¿Cómo experimentas en tu vida la oblación del amor de Dios?