Consulta diaria

Primera lectura: Is 25,6-9: 
El Señor dará una fiesta
Salmo: 22
Habitaré en la casa del Señor por años sin término
Evangelio: Mt 15,29-37: 
Jesús sana a muchos y multiplica los panes

29 En aquel tiempo, Jesús se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó.
30 Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba.
31 La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
32 Jesús llamó a los discípulos y les dijo: Me compadezco de esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.
33 Le dijeron los discípulos: ¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como éste, conseguir suficiente pan para toda esta gente?
34 Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tienen? Ellos le contestaron: Siete y algunos pescaditos.
35 Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo.
36 Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; éstos se los dieron a la multitud.
37 Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos.
Comentário

En un mundo tan precario y necesitado de pan y de posibilidades de una vida plena para todo el campesinado empobrecido por la Colonización Romana, la provocativa y revolucionaria propuesta de Jesús de saciar el hambre de todos, fue sin duda algo revelatorio del Dios que cuida de sus enfermos. El pan de unos cuantos contrasta tremendamente con las carencias de los pueblos colonizados. Esta idea está muy bien reflejada en el evangelio porque las personas colonizadas además de estar hambrientas están enfermas. ¿La causa de la enfermedad? la falta del pan. El evangelio de hoy es una fuerte invitación a proveer a toda la comunidad no solo de pan sino de posibilidades de una vida vivible. Debemos evitar la tentación de “enviar” a la comunidad al desierto, llena de discursos teológicos pero con el estomago vacío. Si queremos ser personas eucarísticas, tenemos que ser como el pan: tomado, bendecido, partido y repartido para que toda la comunidad se sacie.

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