Consulta diaria

Primera lectura: Mal 1,14b–2,2b.8-10: 
Se apartaron del camino
Salmo: 130
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor
Segunda lectura: 1Tes 2,7b-9.13: 
Deseábamos entregarles el Evangelio
Evangelio: Mt 23,1-12: 
No hacen lo que dicen

1 En aquel tiempo, Jesús, dirigiéndose a la multitud y a sus discípulos,
2 dijo: En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos.
3 Ustedes hagan y cumplan lo que ellos digan, pero no los imiten; porque dicen y no hacen.
4 Atan fardos pesados, difíciles de llevar, y se los cargan en la espalda a la gente, mientras ellos se niegan a moverlos con el dedo.
5 Todo lo hacen para exhibirse ante la gente: llevan cintas anchas y flecos llamativos en sus mantos.
6 Les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas;
7 que los salude la gente por la calle y los llamen maestros.
8 Ustedes no se hagan llamar maestros, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos.
9 En la tierra a nadie llamen padre, pues uno solo es su Padre, el del cielo.
10 Ni se llamen jefes, porque sólo tienen un jefe que es el Mesías.
11 El mayor de ustedes que se haga servidor de los demás.
12 Quien se alaba será humillado, quien se humilla será alabado.

Comentário

La liturgia del día de hoy nos hace una exhortación a evaluar la vida de la comunidad, los roles y las funciones que ejercemos en ella, así como la responsabilidad que tenemos en su edificación y sostenimiento. La preocupación fundamental del profeta Malaquías es la conducta al interior de la comunidad que gravita en torno a la relación de Alianza de Dios con ellos. La responsabilidad que ejercen los líderes de la comunidad, en este caso los sacerdotes, hace referencia a que ellos son los garantes de la enseñanza y la bendición de la comunidad, y el consecuente guiar al ser humano y a la comunidad lejos de la perversión o la idolatría, de tal manera que la paz de Dios y la rehabilitación humana acontezcan en ella. El salmista, en consonancia con el profeta, exhorta a la comunidad a enderezar su relación de Dios. Las actitudes de engreimiento, de tiranía y vanagloria no la edifican. El corazón de sus miembros, como sede de sus pensamientos, conductas y decisiones ha de ser confiado al cuidado de Dios. Esta actitud de vida, no exime de la constante tarea de hacerse comunidad, pero la mantiene en perspectiva, paz y serenidad, condiciones necesarias para su sostenimiento. En la segunda lectura, a través de la metáfora de la madre-nodriza con la que Pablo se identifica, éste establece el criterio fundamental para el ejercicio de la autoridad en la comunidad: mediante la creación de vínculos de cuidado y de ubicación al interior de ella. La autoridad y liderazgo se juega estando o “sobre” o en “medio” de la comunidad, proveyendo sostenimiento, o extrayendo réditos para beneficio propio. La comunidad misma es la responsable de su vida y misión. Por último, en el Evangelio, la mentalidad y las actitudes personales afecta la manera cómo nos relaciones en la comunidad. Es decir, nuestra visión como personas está ligada a la visión de la comunidad misma y viceversa. Exigir a los otros lo que no nos exigimos a nosotros mismos, o hacerlo por apariencia o cumplimiento, o por vanagloria, o por ganancia, pervierte a la comunidad, su estructura y su dinámica. Por eso Jesús es crítico y denuncia la práctica cultual incoherente, la espiritualidad alienante y la autoridad que oprime. Edificar la comunidad fraterna de Jesús exige un nuevo modelo de autoridad y relaciones fundamentadas en el servicio, el cuidado y la corresponsabilidad humana.