Consulta diaria

Primera lectura: Jon 4,1-11: 
¿No voy a tener lástima por Nínive?
Salmo: 85
Tú, Señor, eres bueno y clemente
Evangelio: Lc 11,1-4: 
María escogió la mejor parte

1 Una vez estaba Jesús en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió: Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos.
2 Jesús les contestó: Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino;
3 el pan nuestro de cada día danos hoy;
perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación.

Comentário

Cuántas veces hemos rezado el Padre Nuestro en nuestra historia personal de vida! Recuerdo de niño en la finca de los abuelos maternos, cuando al caer de la tarde y a la luz de una lámpara de petróleo la abuela entonaba el Santo Rosario. Todo iba bien aunque a velocidades gigantes. No desconozco las bondades de este tipo de oración. Pero ha sido de mucho crecimiento espiritual y misionero cuando con las comunidades de base aprendimos a meditar y reflexionar el Padre Nuestro.

Esta oración pedagógica que nos propone el evangelio se convirtió en un verdadero programa de vida, en una utopía que anima el caminar del creyente constantemente. Reconocer la paternidad divina para fortalecer la fraternidad humana, buscar en todo la voluntad de Dios para que el Reino siga floreciendo en medio de nosotros, pedir el pan de la vida, el mismo Jesús hecho pan, buscar la experiencia de la reconciliación y del perdón y pedir la protección contra toda seducción y maldad.

¡Todo un proyecto de vida humana!