Consulta diaria

Primera lectura: Ez 33,7-9: 
Si no hablas al malvado, te pediré cuentas
Salmo: 94
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor
Segunda lectura: Rom 13,8-10: 
Amar es cumplir la plenitud de la ley
Evangelio: Mt 18,15-20:
Si te hace caso, has salvado a tu hermano

15 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano.
16 Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos.
17 Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador de impuestos.
18 Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
19 Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá.
20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.

Comentário

La primera lectura del profeta Ezequiel nos recuerda el compromiso que tenemos con Dios de velar por nuestro prójimo. El Señor vuelve a hacernos aquella pregunta que le hizo a Caín: ¿Dónde está tu hermano? Y también como en aquel momento no desea escuchar, ni de broma, la respuesta que Caín le ofreció: ¿Acaso soy guardián de mi hermano?

Hoy se nos recuerda que somos responsables de los demás teniendo en cuenta que esta responsabilidad termina donde empieza la libertad del otro quien puede escucharnos, ser indiferente o incluso rebelarse ante nuestra llamada de atención, sin embargo así estaremos cumpliendo la voluntad del Señor y seremos gratos a sus ojos.

La Carta a los Romanos nos ofrece otro “himno al amor” como lo hace en la 1ª. Carta a los Corintios 13. Nos recuerda que el amor resume todos los mandamientos convirtiéndose en la plenitud de la ley. Esta es una constante de la tradición bíblica, incluida la evangélica que Pablo recoge y reafirma. Con todo ello Pablo confirma el valor positivo de la ley, no como fuerza salvadora pero sí como expresión práctica de ella. “Quien ama no hace mal al prójimo”.
El Evangelio habla con claridad de la corrección fraterna. Esta corrección es necesaria, ya que en la relación entre unos y otros se tiene que expresar el amor que nos tenemos y la responsabilidad de “velar por el otro” pues el Señor nos ha encomendado a los otros como buenos pastores que buscan a la oveja descarriada.

Corregir al hermano en forma adecuada es una especial muestra de amor y también cuando debemos aceptar la corrección que se nos hace de buena gana será signo de madurez en nuestra vida de comunidad. Esto se aplica a padres y madres, pastores de la Iglesia, religiosos y religiosas, esposos y amigos. La corrección fraterna debe iluminarse desde el amor y el perdón predicados por Jesús cuando en la Comunidad familiar, laboral, social, surgen en algunos ambiciones de predominio sobre los demás, traicionando el proyecto del Reino y entonces debemos actuar.

No se puede abandonar a su suerte a un pecador de la Comunidad y debemos hacer todo lo posible para ayudarlo a reorientar su vida teniendo la convicción de que Jesús nos acompaña pues “donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos” dice Jesús.