Consulta diaria

Primera lectura: 1Tes 5,1-6.9-11: 
Murió para que vivamos con él
Salmo: 26
El Señor es mi luz y mi salvación
Evangelio: Lc 4,31-37: 
Los espíritus inmundos le obedecen

31 En aquel tiempo, bajó Jesús a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente.
32 Estaban asombrados de su enseñanza porque hablaba con autoridad.
33 Había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar:
34 ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Consagrado de Dios!
35 Jesús le increpó diciendo: ¡Calla y sal de él! El demonio lo arrojó al medio y salió de él sin hacerle daño.
36 Se quedaron todos desconcertados y comentaban entre sí: ¿Qué significa esto? Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.
37 Su fama se difundió por toda la región.

Comentário

Lucas inmediatamente nos presenta a Jesús realizando el Reino con sus palabras y acciones íntimamente unidas. Esta forma de vivir es la fórmula de la felicidad y la sinceridad pues se es coherente en lo que se dice y hace. Por esto Jesús “hablaba con autoridad” pues su enseñanza iba acompañada de acciones concretas. Jesús es llamado por el demonio “el Consagrado de Dios” lo que nos revela no es otra cosa que su dedicación exclusiva al reino de Dios y su obediencia inquebrantable a la voluntad del Padre. También nosotros somos consagrados por nuestro compromiso bautismal y aquí nos viene entonces el cuestionamiento ¿vivimos como hombres y mujeres dedicados a la propagación del reino? ¿Somos coherentes con nuestra vida cristiana en el día a día? Sabemos unir lo que pensamos, decimos y hacemos o hemos perdido la fuerza de nuestra palabra al no poder tener autoridad pues nuestras acciones distan mucho de lo que pensamos y hablamos. Une tus palabras y obras con alegría.