Consulta diaria

Primera lectura: 1Re 19,9a.11-13a: 
Ponte de pie en el monte ante el Señor
Salmo: 84
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación
Segunda lectura: Rom 9,1-5: 
Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos
Evangelio: Mt 14,22-33: 
Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

22 Después que sació a la gente, Jesús mandó a los discípulos embarcarse y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
23 Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo.
24 La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario.
25 Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago.
26 Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo.
27 Pero Jesús les dijo: ¡Ánimo! Soy yo, no teman. 28Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti.
29 Ven, le dijo. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús;
30 pero, al sentir el fuerte viento, tuvo miedo, entonces empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame!
31 Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Cuando subieron a la barca, el viento amainó.
33 Los de la barca se postraron ante él diciendo: Ciertamente eres Hijo de Dios.

Comentário

El profeta Elías en crisis huye, se refugia en la cueva del monte Horeb. Allí sentirá la presencia de Dios que le va a confortar para seguir luchando contra los falsos profetas. Esta vez no será a través del fuego abrasador ni de la temida tormenta, sino a través de la brisa suave de la cotidianidad que le invita a volver a la lucha de cada día. Pablo quisiera que sus hermanos de sangre, los herederos de las promesas, de la ley, del culto, de los patriarcas, reconocieran a Jesús como Mesías, dejando a atrás las ideas triunfalistas del mismo por el Mesías que presenta hoy el evangelio de Mateo, el que es capaz de organizar una comida compartida en el descampado y el que camina sobre las aguas de este mundo agitado.

Es lo que nos quiere decir hoy el evangelio de Mateo que sirve como secuencia de la multiplicación de los panes. Ante el peligro de que los discípulos contaminados con las ideas triunfalistas del Mesías quieran aprovechar esta coyuntura de la comida en el desierto para alimentar sus sueños triunfalistas, Jesús toma otro camino y les manda, les obliga literalmente a embarcarse hacia la otra orilla. Embarcarse hacia otro horizonte, otra frontera geográfica y existencial del pueblo. Eso mismo hace Jesús alejándose del pueblo que quiere proclamarlo rey.

Este pueblo sufriente se contenta con un mesianismo que sacia el hambre inmediata y no piensa en un futuro abierto no solo del pan material sino del otro pan que dura hasta la vida eterna. Por eso Jesús opta por retirarse a orar en la montaña. Cuando los evangelios colocan a Jesús en la montaña orando es que se trata de un momento clave en su servicio como Mesías. En la oración Jesús le está preguntando a Dios:

¿Cómo sigo, Padre mío, el trabajo? ¿Cuál es tu voluntad en este momento? Mientras tanto la barca sufre una tormenta sin Jesús. Un Jesús que todavía resulta un fantasma para los discípulos. Pero es el Resucitado que ha vencido las fuerzas del mal simbolizadas en las aguas enfurecidas del lago. Es el que sabe caminar sobre el agua y es el que invita a Pedro, y a los discípulos, y a todos nosotros a caminar sobre las aguas tormentosas de la vida, sin hundirnos. Es el que se presenta con el título del Dios con nosotros: YO SOY, ¡no tengan miedo!