Consulta diaria

Primera lectura: Nm 13,2-3a.26–14,1.26-30.34-35: 
Cargarán su culpa cuarenta años
Salmo: 105
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Evangelio: Mt 15,21-28 
¡Mujer, qué grande es tu fe!

21 En aquel tiempo fue Jesús a la región de Tiro y Sidón.
22 Una mujer cananea de la zona salió gritando: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio.
23 Él no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron. Señor, atiéndela, para que no siga gritando detrás de nosotros.
24 Él contestó: ¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel!
25 Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame!
26 Él respondió: No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos.
27 Ella replicó: Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños.
28 Entonces Jesús le contestó: Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos. Y en aquel momento, su hija quedó sana.

Comentário

El relato resulta poco incómodo al ver la manera cómo Jesús actúa con esa mujer extranjera, de otra cultura, de otra religión pero admirable por su fe. ¿Por qué Jesús no escucha el grito de la cananea si Dios escucha el clamor de los oprimidos? Para algunos comentaristas aquí Jesús amplió el horizonte de su misión como Mesías de Dios. La mujer extranjera le ayudó a Jesús a abrirse a las otras culturas, a los otros pueblos necesitados también de su proyecto del reino. Una mujer extranjera fue capaz de ayudar a Jesús a conocer mejor su misión.

Admirable enseñanza de la encarnación de Dios. Un Dios con nosotros en todo igual a nosotros que crece, que avanza en su identidad de Mesías de Dios. Las comunidades a las que escribe Mateo necesitaban urgentemente de este relato para no quedarse ancladas en sus tradiciones judías, y abrirse a los otros pueblos de la tierra. La cananea le recuerda a Jesús que lo primero es la vida amenazada por encima de ritos, religiones y culturas.