Consulta diaria

Primera lectura: Nm 12,1-13: 
No es como los otros profetas
Salmo: 50
Misericordia, Señor, hemos pecado
Evangelio: Mt 14,22-36: 
¿Por qué dudaste?

22 Mandó Jesús a los discípulos embarcarse... mientras él despedía a la multitud.
23 Después... subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo.
24 La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario.
25 Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago.
26 Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo.
27 Pero Jesús les dijo: ¡Ánimo! Soy yo, no teman.
28 Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti.
29 Ven, le dijo Jesús. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús;
30 pero, al sentir el fuerte viento, tuvo miedo, entonces empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame!
31 Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Cuando subieron a la barca, el viento amainó.
33 Los de la barca se postraron ante él diciendo: Ciertamente eres Hijo de Dios.
34 Terminaron la travesía...
35 Los hombres le llevaron todos los enfermos
36 y le rogaban que les permitiese nada más rozar el borde de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.

Comentário

Este evangelio es una secuencia de la multiplicación y reparto de los panes y los peces. Jesús prefiere irse a la montaña a orar porque quisieron hacerle rey. Los apóstoles están en esa misma lógica de aprovechar el momento exitoso de Jesús, capaz de proporcionar comida al pueblo hambriento y aprovechar para conseguir alguna cuota de poder en ese mesianismo de ambiciones políticas que llevan en la cabeza y llevarán muy adentro hasta la muerte de Jesús.

Por eso les manda embarcarse, seguir la tarea, insertarse en la vida de otras comunidades anunciando allí la oferta del reino y es ahí donde sienten el naufragio, por la falta de fe, por el despiste total sobre la identidad de Jesús. Sin Él se hunden en la barca. Deben dejar esas pretensiones triunfalistas de un mesianismo al estilo de los poderes injustos de este mundo. Eso nos pasa, como iglesia, cuando buscamos fama, poder, éxito en lugar de embarcarnos hacia las otras orillas llevando a Jesús en la frágil barca de la Iglesia.