Consulta diaria

Primera lectura: Gn 49,29-32; 50,15-26a: 
Dios los cuidará y sacará de esta tierra
Salmo: 104
Humildes, busquen al Señor, y vivirá su corazón
Evangelio: Mt 10,24-33: 
No tengan miedo a los que matan el cuerpo

24 En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: No está el discípulo por encima del maestro ni el sirviente por encima de su señor.
25 Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor. Si al dueño de casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los miembros de su casa!
26 Por tanto no les tengan miedo. No hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue.
27 Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos.
28 No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno.
29 ¿No se venden dos gorriones por unas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes.
30 En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados.
31 Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones.
32 Al que me reconozca ante los hombres yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo.
33 Pero el que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Comentário

El texto del evangelio continúa avanzando en el discurso misionero de Jesús que advierte: La máxima aspiración de un discípulo es la de configurar su existencia con la de su maestro; y correr su misma suerte. En tres oportunidades los exhorta a ser valientes y a no tener miedo. Cuando el Papa Francisco visitó Bolivia en 2015, rindió homenaje al P. Luis Espinal, jesuita boliviano de origen español, torturado y asesinado por paramilitares en La Paz, el 21 de marzo de 1980. Tiempo antes de dar testimonio con el martirio el P. Espinal oraba de este modo: “Jesucristo, te damos gracias porque no fuiste prudente ni diplomático; porque no te callaste para escapar de la cruz; porque fustigaste a los poderosos sabiendo que te jugabas la vida. Los que te mataron, estos fueron los prudentes. Que nunca tu Iglesia sea Iglesia del silencio, ya que es depositaria de tu Palabra; que pregone libremente, sin reticencias ni cobardías. Que no calle nunca, ni ante el guante blanco, ni ante las armas”