Consulta diaria

Primera lectura: Gn 44,18-21.23-29; 45,1-5: 
Dios me envió a Egipto
Salmo: 104
Recuerden las maravillas que hizo el Señor
Evangelio: Mt 10,7-15: 
Lo que han recibido gratis, denlo gratis

7 En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: Y de camino proclamen que el Reino de los cielos está cerca.
Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratuitamente han recibido, gratuitamente deben dar.
No lleven en el cinturón oro ni plata ni cobre,
10 ni provisiones para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bastón. Que el trabajador tiene derecho a su sustento.
11 Cuando entren en una ciudad o pueblo, pregunten por alguna persona respetable y quédense en su casa hasta que se vayan.
12 Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz;
13 si la casa lo merece, entrará en ella la paz; si no la merece, esa paz retornará a ustedes.
14 Si alguien no los recibe ni escucha el mensaje de ustedes, al salir de aquella casa o ciudad, sacúdanse el polvo de los pies.
15 Les aseguro que el día del juicio Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que aquella ciudad.

Comentário

La liturgia del día continúa la instrucción de Jesús a sus discípulos. Del texto podemos concluir que la proclamación misionera es, principalmente, llevar a cabo acciones de liberación. Gestos concretos de profunda humanidad que sean portadores de salvación para quienes los reciben. La riqueza del misionero radica en aquello que ha recibido gratuitamente, por pura gracia de Dios: El don de Jesucristo y su Palabra, la vocación al discipulado, la palabra precisa y el gesto oportuno portadores de salvación. ¿Cómo llegó a nosotros la proclamación de Jesús? ¿Quién nos ayudó a conocerlo? ¿Qué obras ha realizado la gracia de Dios en mi vida? ¿De qué manera anuncio a Jesús? ¿En qué me compromete la palabra del evangelio? ¿Qué gestos concretos de liberación avalan lo que anuncian mis labios? El evangelio de Jesús es una vara demasiado alta para nuestro seguimiento. Muchas veces no estamos a la altura de las circunstancias. Confiados en él pongamos nuestra vida en sus manos para que podamos ser mejores testigos de su Reino cada día.