Consulta diaria

Primera lectura: Gn 32,23-33: 
Ahora te llamarás Israel
Salmo: 16
Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia
Evangelio: Mt 9,32-38: 
La mies es abundante, los trabajadores pocos

32 En aquel tiempo, mientras salían los ciegos, le llevaron a Jesús un mudo endemoniado.
33 Expulsó al demonio, y el mudo comenzó a hablar. La multitud comentaba asombrada: Nunca se vio tal cosa en Israel.
34 Pero los fariseos decían: Expulsa demonios con el poder del jefe de los demonios.
35 Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias.
36 Viendo a la multitud, se conmovió por ellos, porque estaban maltratados y abatidos, como ovejas sin pastor.
37 Entonces dijo a los discípulos: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
38 Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.

Comentário

El texto evangélico es el corolario para las obras realizadas por Jesús luego del sermón de la montaña. A la curación de los ciegos sigue otra cuyo destinatario es un hombre mudo. Sus acciones le proporcionan adherentes y detractores. El versículo 35 resume sus actividades misioneras a la vez que permite una doble constatación: Jesús advierte, por una parte, el estado de indefensión de las personas que se dirigen hacia él y esto lo conmueve profundamente. Por otra parte, comprueba todo lo que todavía queda por hacer. Es necesario apelar a Dios para que siempre existan personas que se compadezcan del estado de abandono en que se encuentran sus ovejas y puedan ofrecerles el consuelo que les trae Jesús. Mateo nos hace participar de los sentimientos de Jesús. La clave de su predicación es la compasión por la situación de su rebaño. Lo que dice y los gestos que realiza se vuelven efectivos por el sentimiento que lo anima. La compasión que no cambia nada no viene de Dios.