Consulta diaria

Primera lectura: Gn 28,10-22a: 
Vio una escalinata y ángeles de Dios
Salmo: 90
Dios mío, confio en ti
Evangelio: Mt 9,18-26: 
Mi hija acaba de morir. Ven y vivirá

18 En aquel tiempo, mientras Jesús les explicaba, se le acercó un jefe, se postró ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven a imponerle tu mano y ella recobrará la vida.
19 Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos.
20 Entre tanto, una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto.
21 Pues se decía: Con sólo tocar su manto, quedaré sana.
22 Jesús se volvió y al verla dijo: ¡Ten confianza, hija! Tu fe te ha sanado. Al instante la mujer quedó sana.
23 Jesús entró en casa del jefe y al ver a los flautistas y el barullo de gente,
24 dijo: Retírense; la muchacha no está muerta, sino dormida. Se reían de él.
25 Pero, cuando echaron a la gente, él entró, la tomó de la mano y la muchacha se levantó.
26 El hecho se divulgó por toda la región.

Comentário

El evangelio presenta dos milagros hechos por Jesús a favor de mujeres excluidas. En tiempos de Jesús, era común creer que el contacto con cadáveres o con la sangre volvía impuras a las personas que lo tuvieran. En los libros del Levítico y de los Números encontramos, por ejemplo, una serie de prescripciones al respecto. Si alguien transgredía esas normas debía permanecer aislado y observar una serie de ritos durante un determinado tiempo para quedar purificado. Con su modo de proceder, Jesús abre nuevas posibilidades a la salvación de Dios.

Tanto el padre de la joven como la mujer enferma le manifiestan una fe que nos conmueve. Ellos están convencidos de encontrar un nuevo horizonte para sus vidas, que Jesús les dará una nueva oportunidad. La certeza los pone en movimiento e incluso los lleva a transgredir la Ley para obtener el favor de Dios. Jesús se revela como el Señor que es capaz de devolver la vida y de sanar. Sus acciones son motivo de admiración, las noticias corren.