Consulta diaria

Primera lectura: Zac 9,9-10: 
Mira a tu rey que viene a ti modesto
Salmo: 144
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey
Segunda lectura: Rom 8,9.11-13: 
Si con el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivirán
Evangelio: Mt 11,25-30 
Soy manso y humilde de corazón

25 En aquella ocasión Jesús tomó la palabra y dijo: ¡Te alabo,Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla!
26 Sí, Padre, ésa ha sido tu elección.
27 Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce al Hijo, sino el Padre; nadie conoce al Padre,sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.
28 Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.
29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida.
30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Comentário

El magisterio del Papa Francisco ha insistido en la necesidad de tomar en serio la piedad popular de nuestra gente sencilla. En el número 125 de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium expresa que “sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres”

El evangelio del día manifiesta esa connaturalidad afectiva de la que habla Francisco en la alabanza que Jesús dirige a su Padre. Los únicos capaces de comprender el mensaje del Reino han sido los pequeños. No es fruto de la casualidad ni producto su idoneidad. Es porque Dios lo ha querido así. Y Jesús lo avala con sus gestos y sus palabras.Se nos hace necesario aceptar la invitación de Jesús. Acudir a su encuentro, escucharlo y aprender con sus enseñanzas. Al hacerlo, descubrimos también la pedagogía de Jesús y la manera en que él transmite su mensaje.

Para ello es preciso que estemos junto a él. Al encontrarnos con él nos damos cuenta que existen diferencias entre su enseñanza y aquella otra que imparten los fariseos y los maestros de la Ley. La invitación de Jesús indica que ha llegado para el pueblo el momento de prescindir de tales guías. La contraposición entre uno y otros pone en evidencia diferencias en el contenido y las formas de enseñar y aprender, pero sobre todo, deja al descubierto la actitud fundamental del maestro ante sus oyentes y seguidores. Jesús los conoce. Sabe lo que ellos viven. Los padecimientos y sus sufrimientos le interesan.

Comparte con ellos la situación. Por eso el mensaje de Jesús, su modo de enseñar e incluso él mismo se convierten en consuelo con el cual Dios conforta la vida de los pequeños. La humildad y mansedumbre de Jesús nada tienen que ver con la docilidad de los sumisos ni la pasividad de los indolentes. Tiene que ver con las entrañas de Dios y la capacidad de ternura. Con hacerse cargo de los débiles y cuidarlos. Con respetar la dignidad de los demás, atenderlos y acompañarlos mientras van de camino. Suavizar los yugos, aligerar las cargas.

Si es así el mensaje de Jesús para la iglesia en este día, pongámonos en movimiento para ir a su encuentro. ¿Dónde lo hallaremos? En el encuentro con los pobres. En el itinerario interior de una espiritualidad que nos lleve hacia quienes han entendido verdaderamente el mensaje del Reino predicado por Jesús. Conocemos de memoria sus palabras. Hemos contemplado sus ejemplos una y otra vez. Nos hemos entusiasmado con el ideal del compromiso. Dejémonos cambiar por Jesús en el encuentro con los pobres.