Consulta diaria

Primera lectura: 2Cor 3,15–4,1.3-6: 
Dios ha brillado en nuestros corazones
Salmo: 84
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra
Evangelio: Mt 5,20-26: 
Todo el que esté peleado con su hermano, será procesado

20 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Les digo que, si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos.
21 Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal.
22 Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego.
23 Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
24 deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda.
25 Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel.
26 Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo.

Comentário

La vida cristiana es reconciliación y fraternidad. No podemos ser cristianos y seguir la misma dinámica del mundo. Los cristianos podemos enfrentar las realidades normales de la historia con novedosas fórmulas, que permitan humanizar los espacios donde actuamos. No es que tengamos fórmulas mágicas, pero sí tiene prácticas humanizadoras de la vida. Jesús plantea el tema de la ofensa, para sus seguidores éste, está ligado al tema de la muerte. “Quien ofende a su hermano es un homicida”.

Y no tiene validez el culto, la liturgia, la Eucaristía si no vivimos en paz y en armonía con los demás hermanos. No puede darse el culto cristiano, si no está antecedido por la misericordia y precedido por la justicia y la paz. No podemos seguir viviendo nuestras liturgias de la manera fría. Ese modelo de cristianismo, un tanto amañado, ha puesto en descrédito la seriedad del original, ese que se configuró con la propuesta novedosa de Jesús de Nazaret, el hombre que cambió, por amor y en el amor, las lógicas tradicionales de la historia.