Consulta diaria

Primera lectura: 2Cor 1,18-22: 
Jesús no fue primero “sí” y luego “no”
Salmo: 118
Que brille tu rostro sobre tu siervo, Señor
Evangelio: Mt 5,13-16: 
Ustedes son sal de la tierra y luz del mundo

13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente.
14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte.
15 No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa.
16 Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.

Comentário

Estamos en la conclusión del Discurso de las Bienaventuranzas. Y ¡qué manera tan fuerte de concluir! ¡Qué exigencia la que Jesús le coloca a sus seguidores, a aquellos que tiene por tarea hacer vida, en su propia vida, las Bienaventuranzas! Jesús declara que aquellos que ponen en práctica la ruta de vida que él ha señalado con las Bienaventuranzas se convierten en sal y luz del mundo. Hoy se necesita, con urgencia, que los cristianos vivan a plenitud el sentido profundo de ser sal y luz para el mundo.

Pero el vivir estas dos dimensiones, no son un acto espontaneo y natural. Para llegar a ser sal y luz, es necesario un proceso profundo de conversión hacia las Bienaventuranzas que Jesús ha presentado como camino de alternatividad. El seguimiento de Jesús es la vivencia radical de las Bienaventuranzas, es adhesión total a su persona, en dónde cada bautizado se juega la credibilidad de la opción cristiana como alternativa. El cristianismo está llamado a ser testimonio del amor de Dios en la historia. A ser: Sal y Luz del mundo.