Consulta diaria

Primera lectura: Tb 6,10-11a; 7,1.9-17; 8,4-10: 
Dios los trajo para que mi hija se case contigo
Salmo: 24
Señor, enséñame tus caminos
Evangelio: Mc 12,28b-34: 
No hay mandamiento mayor que éstos

28 En aquel tiempo, un letrado se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el precepto más importante?
29 Jesús respondió: El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo.
30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas.
31 El segundo es: Amarás al prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos.
32 El letrado le respondió: Muy bien, maestro; es verdad lo que dices: el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él.
33 Que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
34 Viendo Jesús que había respondido acertadamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió a dirigirle más preguntas.

Comentário

El amor es el tema central de la vida cristiana. El amor cristiano, del que nos habló y testificó Jesús, no es asunto de romanticismo barato, o de ideas de “actitud positiva”. En la más sana tradición bíblica el amor es una respuesta coherente. El amor que pide Dios a lo largo de la historia es la coherencia con el amor que El ha manifestado por la humanidad.

El amor hermana, acerca, da vida, duele. El amor es la garantía que estamos vivos y que una realidad mayor rige nuestra vida. Vivir el amor a Dios, hecho historia en el amor por los hermanos, es la concreción de la vida cristiana. Amar a Dios en el cristianismo exige una puesta en escena de esa realidad mayor que confesamos.

Según las palabras de Jesús el amor que debemos darle a los demás, tiene que ser medido con el amor que nos damos a nosotros mismos. Hemos de tener una vida interior sana en el que amemos profundamente a Dios, a nosotros mismos y a nuestros hermanos.