Consulta diaria

Primera lectura: Tb 1,3; 2,1-9: 
Tobías temía a Dios más que al rey
Salmo: 111
Dichoso quien teme al Señor
Evangelio: Mc 12,1-12: 
Agarraron al hijo querido y lo mataron

1 En aquel tiempo, Jesús se puso a hablarles en parábolas a los sacerdotes, escribas y ancianos: Un hombre plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; se la arrendó a unos viñadores y se marchó.
A su debido tiempo, envió un sirviente a los viñadores para cobrar su parte del fruto de la viña.
Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías.
Les envió un segundo sirviente; y ellos lo maltrataron y lo injuriaron.
Envió un tercero, y lo mataron; y a otros muchos: a unos los apalearon, a otros los mataron.
Le quedaba uno, su hijo querido, y lo envió en último término, pensando que respetarían a su hijo.
Pero los viñadores se dijeron: Es el heredero. Lo matamos y la herencia será nuestra.
Ahora bien, ¿qué hará el dueño de la viña? Irá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.
10 ¿No han leído aquel texto de la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular;
11 es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro?
12 Intentaron arrestarlo, porque comprendieron que la parábola era para ellos. Pero, como tenían miedo a la gente, lo dejaron y se fueron.

Comentário

La propuesta alternativa de Dios, la salvación que él ofrece gratuitamente y por puro amor, está siendo amenazada por un grupo de funcionarios de la religión y de la Ley. La religión se ha vuelto enemiga de la causa de Dios. El pueblo es víctima de los que detentan el poder. Dios no se cansa de enviar a hombres que -como los profetas- muestren el camino correcto, el camino de fidelidad al plan de la salvación. Pero las autoridades no respetan a nadie. Asesinan a todos los que son enviados a ayudar al pueblo para alcanzar su plena humanización. Dios no se frena, jamás se detiene. Dios mismo, envía a la viña a su propio Hijo. El Hijo también es asesinado. Hoy hemos de detenernos a pensar en el “amor enloquecido” de Dios por la humanidad. El amor de Dios por nosotros es tan grande que no se reservó nada para si. Entregó a su propio Hijo para que la vida en abundancia llegara a todos. ¿Estamos viviendo coherentemente con ese amor de Dios?